A cinco días de mi boda, parece mentira, he estado analizando con lupa a las dos novias famosas que se han casado este fin de semana. La noche y el día.
Empezaré por la que me ha gustado: Amelia Bono, hija de José Bono, que se casó con Manuel Martos, hijo del cantante Rapahel. Amelia lució un precioso y elegante vestido de Manuel Mota, diseñador de la firma Pronovias. Se trataba de un modelo de alta costura confeccionado en voile de seda natural, con falda de volantes vertícales y una impresionante cola de tres metros. En el cuerpo del vestido, microdrapeado hasta la cintura, se había bordado un fajín que marcaba su cintura y se adornaba con cristales mates. El escote, más elegante imposible, cruzaba de hombro a hombro. Un ligero velo de dos capas en tul de seda de cinco metros de largo, una flor en el pelo y unos sencillos pendientes completaban el conjunto. Una novia perfecta.

Lo mejor: lo impresionante que estaba con un vestido aparentemente sencillo. Me encanta también el peinado. No me gustan los peinados muy elaborados.
Lo peor: la flor no terminaba de encajar con el conjunto.
No puedo decir lo mismo de Belén Esteban. Es verdad que para como suele vestir a diario no iba mal del todo pero aún así no me gusta. La novia llevó un vestido palabra de honor de El Corte Inglés en seda natural de color marfil de corte sirena con un bolero bordado con cristales, que parecía de encaje barato. Sobre la cabeza llevó una mantilla antigua, que adornó con una tiara de cristal de Swarovski, que se podía haber dejado en casa. Aunque todo el mundo tiene derecho a llevarlas, siempre he pensado que las tiaras son para las princesas y otras novias de la nobleza.
Lo mejor: Que podria haber sido mucho peor…
Lo peor: ¿quién le hizo ese moño tan horroroso? ¿Y por qué no se quitaba la chaquetilla, que deslucía la el vestido, por mucho que hiciera 30 grados?
Compártelo